MARTES SANTO
Vinieras dulcemente por el mar
-¡oh Jesús rescatado del infiel!-
con collares de algas y de perlas
adornando la tarde de tu piel.
Te trajo maniatado
el oleaje de tierra bereber;
en tus ojos los soles de Judea
y la sangre más dulce por tu sien.
¡Martes santo o quién te viera,
Señor, y quién te ve,
tan herido de espinas y de látigos
en los campos criptanos de la mies!
Dejadme que le acerque mi escudilla
¡Dejadme que sosiegue hoy su sed!
José Aureliano de la Guía





