Hermandad del Cristo de la Expiración

Historia

Disertación expuesta por Francisco Valera Palomino en la Junta General Extraordinaria celebrada en el Santuario de la Virgen de Criptana el 19 de Julio de 1987

En su preparación colaboraron:

  • Ángel Escribano Sánchez-Quintanar
  • Jesús Arteaga Sánchez-Alarcos

COFRADES Y HERMANOS:

Hoy celebramos nuestra Junta General Anual y la comida de hermandad.

Ha surgido entre nosotros la idea de hacer una relación de la fundación de nuestra Cofradía, ya que entonces muchos de vosotros teníais pantalón corto y otros no existíais aun, por esta razón quiero contaros esta pequeña historia y algunos detalles curiosos que son dignos de mencionar y útil que conozcáis.

Para esto vamos a trasladarnos mentalmente al año 1944.

Ya sabéis que esta Hermandad se fundó dentro de la Asociación de Jóvenes de Acción Católica. Dicha Juventud, la componíamos, poco más o menos, unos 500 jóvenes, aparte de la Sección de Aspirantes, que constaba de unos 300. Dentro de esta Asociación celebrábamos los lunes reunión de la Directiva, los martes y los viernes teníamos Circulo de Estudio, el domingo asistíamos a la misa de 9, en unión de la Juventud Femenina, donde cantábamos la misa de Angelis, después, a las 12, en el Centro, había Reunión de Apostolado y durante las noches de lunes a sábado, teníamos Escuela de Adultos.

Pues bien, dicho año 1944, recibimos una comunicación del Consejo Diocesano de Jóvenes, para que el Jueves Santo por la noche hiciéramos un Vía-Crucis de penitencia. Nosotros fuimos a pedir permiso al Sr. Cura Párroco, que entonces era D. Alfredo Aranda Almansa (q.e.p.d.), que fue un gran párroco para nuestro pueblo, pero que, al exponerle el motivo de nuestra visita se negó rotundamente, y nos dijo, textualmente, que ya había bastantes procesiones y que mientras él fuera párroco de Campo de Criptana no autorizaría ni una procesión más. Esto, como es natural, fue para nosotros un jarro de agua fría, pero no tuvimos más remedio que acatar órdenes.

Al año siguiente, 1945, el Sr. Obispo, en el mes de Mayo, nos hizo el relevo de párroco y vino D. Gregorio Bermejo López (q.e.p.d.). Al ir a saludarle, para ponernos a su disposición, nos preguntó que cómo marchaba el Centro y si teníamos algún proyecto. La situación nos vino cómo anillo al dedo y, después de explicarle la marcha del mismo, le dijimos que el proyecto que teníamos era hacer el Jueves Santo por la noche un Vía-Crucis de penitencia, pero que el anterior párroco no nos había autorizado. Él nos dijo que, no solo nos autorizaba, sino que para darle más solemnidad, íbamos a fundar una Cofradía con la imagen del Cristo de la Expiración, que estaba en la Parroquia y no tenía ninguna. Esta imagen la sacaba la Hermandad de Jesús Nazareno en la procesión del Santo Entierro, que, por cierto, nos regaló el sorte que lleva la carroza, donde va metida la Cruz, que había sido hecho por ellos.

Aquí quiero hacer una aclaración. En el año 1939, al terminar la guerra, el entonces Párroco, D. Tomás Urda Cubero, trató de formar una Cofradía que no llegó a cuajar, pues la Junta tuvo la reunión de constitución e inmediatamente se disolvieron, sin llegar a formar la Hermandad, ni acordar el color de la túnica, y, mucho menos, sacar al Cristo en procesión. D. Gregorio, al animarnos a fundar nuestra Cofradía, nos dijo, que, para que no tuviéramos que gastar en un libro de actas, nos daba el de la Cofradía "fantasma", diciendo que, si queríamos quitar las primeras hojas lo podíamos hacer, pero nosotros no se las quitamos. Esto, creo yo, motivó que la actual Junta Directiva, tuviera un lapsus y, al hacer el nuevo banderín, puso como fecha de fundación el año 1940, cuando en realidad fue el 1946, por cuyo motivo, en nombre de los fundadores, os ruego cambies el 0 por el 6

(Nota adicional al documento original sobre la imagen del Cristo de la Expiración, con información facilitada por José Flores Alarcos:

El escultor almeriense Juan Cristóbal (1897-1961) talló en madera de caoba la imagen del Cristo de la Expiración, donada por José Minguijón a la Parroquia para recomponer la imaginería destruida en la Guerra Civil. La trajo al pueblo en 1940, desde Madrid, Valeriano Flores, en un camión Studebaker adquirido en subasta al Ejército. En ese mismo camión habían viajado poco antes los Jóvenes de Acción Católica a Santiago de Compostela, a ganar el Jubileo, sentados como pudieron en bancos de la iglesia y en sillas dentro de la caja.

Juan Cristóbal, en aquel momento preso político, y al parecer ateo (de igual manera como se sospecha que lo fueron algunos de los insignes imagineros o pintores dedicados al arte religioso en el Renacimiento), la había tallado en una buhardilla durante el trienio 1936-39. Entre sus obras más representativas, aparte de nuestro Cristo de la Expiración, están el Cid Campeador a caballo, en Burgos, y el monumento a Ignacio Zuloaga, en la plaza de las Vistillas de Madrid. En ese año de 1940 se le tributaron a esta imagen los cultos patronales, por no haber aún terminado el escultor valenciano Federico Zapater la figura de Santísimo Cristo de Villajos, destruido el primitivo durante la Guerra Civil.)

Retornando al hilo de la narración, con esta imagen, la del Cristo, fundamos la Cofradía y nuestra Procesión del Silencio, siendo Consiliario el mismo D. Gregorio, quien tomada la decisión, nos citó en su despacho para el lunes siguiente, con el fin de empezar enseguida a ir preparando la organización.

Primeramente nombramos la Junta Directiva, formada por todos los cargos de la Directiva de la Juventud, exceptuando los tres máximos responsables, que, aunque eran de la Juventud, no pertenecían a su Directiva. Quedó constituida como sigue:
Presidente: Vicente Martínez del Rey Cuadra
Secretario: Manuel Antonio Olivares Reillo
Tesorero: Luis Perucho Granero
Vice-Presidente: Jesús Arteaga Sánchez-Alarcos (que tenía el mismo cargo en la Juventud)
Vice-Secretario: José María Angulo Sepúlveda (Secretario en la Juventud)
Vice-Tesorero: Ángel Escribano Sánchez-Quintanar(Tesorero en la Juventud)
Vocales: José González Lara (Delegado de Aspirantes en la Juventud), Felipe Ramírez Gómez de la Cueva (Vocal de Apostolado en la Juventud) y Francisco Valera Palomino(Presidente en la Juventud)

Adicionalmente F. Valera fue nombrado Vocal de Loterías, cargo que ha ostentado con mucho gusto e ilusión desde el año 1946 a 1986.

Reunida la nueva Junta Directiva y aceptados todos los cargos, lo primero que se pensó fue traer una imagen de la Virgen y, por unanimidad, se acordó darle el título de Nuestra Señora de la Esperanza. A continuación pensamos en el color de nuestras túnicas y decidimos que fuese blanca, como la bandera de la Juventud y como la banda del Cristo, y el fajín, el capirote y los guantes, verdes por el manto de la Virgen y el distintivo de la Juventud. En la capa no se pensó ya que entonces ninguna cofradía la llevaba. Como sabéis en la Juventud había cuatro ramas que tenían el mismo distintivo, diferenciándose solamente por el color, rojo el de los hombres, amarillo el de las mujeres, azul el de las chicas y verde el de los chicos.

Se nombró una comisión para ir a Madrid, encabezada por D. Gregorio, para encargar la construcción de la imagen de la Virgen, las andas, el terciopelo para el manto, el hilo de oro y demás materiales para su confección.

La imagen de la Virgen se le encargó a D. Julián Cristóbal, sobrino de D. Juan Cristóbal, que había sido al autor de la imagen del Cristo de la Expiración.

El manto se bordó en el Colegio de las Dominicas de esta Villa, por un grupo de señoritas de la localidad, cofrades de la Virgen, compuesto por:

  • Josefina Fernández Valera
  • Remedios Castellanos Muñoz
  • Rosario Castellanos Muñoz
  • Juliana Alberca Castellanos
  • Custodia Jiménez Alberca
  • Maria López olivares
  • Pura Camacho Aguilar

para su dirección la madre superiora del Colegio consiguió, de la madre General, que viniera de Oviedo una hermana (la hermana Prieto) que bordaba admirablemente. El trabajo duró cerca de un año

Otra de las actividades que iniciamos fue la de escribir cartas a distintas Cofradías de Valladolid, Cartagena, Sevilla, Málaga y otras capitales, para que nos orientaran en la organización de la Hermandad. Contestaron todas ellas, dándose el caso curioso que una de las Cofradías había salido también del seno de la Juventud.

Con todas estas iniciativas logramos que las otras Hermandades del pueblo se "picaran", renovando sus directivas y adquiriendo nuevos pasos y mejor organización, dando un gran impulso a nuestras procesiones de Semana Santa. El primer año, o sea 1946, solo salimos con la imagen del Cristo, por no estar ni la de la Virgen ni su manto terminados, y, como no teníamos banderín, llevamos la bandera de la Juventud, ya que de allí había salido la Cofradía, y fue portada por el cofrade José Gregorio Díaz-Ropero Sánchez-Manjavacas. En esta primera procesión formamos cuarenta y dos nazarenos.

Fueron unos años muy esforzados, pues, como partimos de cero, tuvimos que trabajar mucho para reunir fondos. Hicimos un cuadro artístico, en el que cooperaban las jóvenes. Dimos tres funciones de teatro, una titulada "El chico de la tienda", otra "El casto D. José" y la tercera una zarzuela de ambiente gallego, "El voto de Chamarro", original de un sacerdote, hijo del pueblo, que estaba de párroco en El Ferrol. Para sacar más dinero estas obras las representábamos, no solo en Criptana sino también en los pueblos limítrofes, excepto en Alcázar, pues si vamos allí nos pintamos solos.

No quiero continuar sin contaros una anécdota que nos pasó en Miguel Esteban, con la representación de "El casto D. José". Llevaba casi toda la obra el actor cómico y cuando llegamos allí se nos emborrachó. Llegó la hora de la representación y el local estaba lleno, incluidos el Alcalde y el Cura, que los habíamos invitado, y él seguía borracho perdido. Pablete el de Comino, que era el director de escena, dijo: "A este le quito yo la borrachera o lo mando al cementerio". Lo llevamos al corral, al lado de un pozo, lo dejamos en cueros y sacando agua con cubos, se la echaba encima, hasta que se le pasó la borrachera. El primer acto fue regular pero el público, como era el actor cómico, lo tomó a risa, y los otros dos actos los sacó bordados, teniendo un gran éxito.

Por la feria organizamos una corrida de toros, haciendo un palco de madera para las autoridades y acomodándose los demás en galeras, pues entonces no había remolques. Aquí también ocurrió otra cosa célebre. Cuando estaba la corrida en lo más interesante, se hundió el palco de la presidencia, cayendo al ruedo D. Gregorio, el Alcalde y demás autoridades, memos mal que los toros no eran sino vaquillas y no había peligro alguno.

Por mediación de D. Vicente Escribano, que entonces era estudiante de Medicina, vino la tuna universitaria de esa Facultad a dar un concierto, ocurriendo el caso curioso que, entre el alojamiento de los tunos, el regalo que les hicimos, ya que no cobraban nada, y la factura que presentaron de cuerdas que se rompieron, salimos comidos por servidos. Este fue el único festival en el que no ganamos nada, pues en todos los demás salimos beneficiosos.

Tuvimos otro festival, que organizó Miguel Sánchez-Migallón, por medio de José Luis Peker, de quien era muy amigo, con Lilian de Celis y otros artistas de Radio Madrid. Éste si nos dejó dinero. En fin que no parábamos en todo el año, trabajando con el fin de recaudar fondos.

D. Gregorio también nos ayudó mucho. Como llevaba poco tiempo en le pueblo nos decía: "Yo no conozco a nadie, pero dadme nombres y yo iré con vosotros", como así hacía.

Una de las visitas que hicimos fue a D. Manuel Torres y Sra. (q.e.p.d.). A estos señores les pedimos para la corona de la Virgen y nos dijeron que ellos se encargarían de comprarla. Para ello, se fueron a Sevilla a ver a un orfebre y se la encargaron, diciéndole que querían que fuera igual que la de la Macarena, claro, con la diferencia de que aquella es de oro macizo y esta de latón, pero la vista es la misma. A propósito, la corona tiene un detalle del que es probable que muchos no os hayáis dado cuenta, y es que dentro lleva un áncora, que significa la esperanza, nombre de nuestra Virgen.

Otra visita fue a unas señoras que estaban solteras y, aunque tenían dinero, vivían humildemente, tanto es así que, cuando fueron dos de la Directiva a decirles que iba a ir D. Gregorio a hacerles una visita, dijeron que ellas avisarían cuando podía ir. Después nos enteramos que habían comprado unos muebles para tener presentable la habitación donde recibirlo. De esta visita salió el dinero para la imagen de la Virgen.

Las catorce cruces del Vía-Crucis también las consiguió D. Gregorio. Pero esto dijo que era un donativo anónimo y nunca reveló quien las había costeado.

Las hermanas Peñaranda nos dieron un estuche con los entorchados de su padre, el general Peñaranda, para que los deshiciéramos y se empleara el hilo de oro en el bordado del manto de la Virgen, como así se hizo.

Cuando ya estaban terminando la imagen de la Virgen, fue D. Gregorio a la casa "Santa Rufina", en Madrid, a encargar las andas y le dijeron: "Aquí tenemos unas andas terminadas de un Cristo Yacente, nos dieron la mitad de su valor, pero la Cofradía se ha disuelto y aquí las tenemos; si las quieren ustedes se las damos por la mitad de su precio, puesto que la otra mitad ya la hemos cobrado". En estas condiciones se dio la conformidad y, por eso, las primeras andas son esas que podéis ver en las fotografías, que son estrechas y largas, como hechas para un sepulcro, pero a nosotros nos resultaron baratas y de momento salimos del paso.

Tal era nuestro ambiente y nuestra ilusión que casi todas las semanas nos reuníamos en casa de D. Gregorio, aunque no fuese para acordar nada, sino para estar juntos y no perder el contacto. En estas reuniones siempre surgían algunas ideas y alguna renovación que hacer en nuestros pasos para el año siguiente. En la Semana Santa de 1947 logramos salir con nuestra Virgen por primera vez, estrenando también el Banderín de Guía. Se nombró Abanderado a D. Abelardo Ayllón Aranda y Camarera Mayor de la Virgen a Josefina Fernández Valera, que fue a la que durante el bordado del manto la hermana directora encargaba los trabajos más delicados. Era tal nuestro entusiasmo y espíritu de superación que temíamos que algunos miembros de otras Hermandades llegaran a tener envidia y se quejaran al Sr. Cura de que nosotros despuntábamos de los demás porque él solo apoyaba a nuestra Cofradía y, como Párroco, debía estar con todas. Él, para cortar estos roces, nos dijo que nos reuniéramos en nuestras casas particulares y que a estas reuniones asistiría él siempre que le fuese posible, pero especialmente cuando hubiera algún asunto importante que tratar. Así que seguimos reuniéndonos en nuestras casas, en las cuales, al término de la reunión, siempre se sacaba una baraja y algo para remojar la garganta, y este era otro aliciente para no faltar.

Al cabo de los años nos pareció mejor dejar las andas y hacer sendas carrozas para nuestros pasos, y se hizo una carroza para la Virgen, con las chapas plateadas, haciendo juego con las andas, que sirvieron para hacer la carroza del Cristo. Después vino la renovación nuestra y pensamos en las capas. Como no queríamos cambiar de color, acordamos por unanimidad que fuera verde, pero como el capirote y los guantes también eran verdes, decidimos cambiarlos por blanco. Como había alguno que no estaba conforme con este color, se propuso que el capirote fuera rojo, como la sangre de Cristo, y, para ver el efecto, le hicimos dos capirotes al modelo de nazareno, uno rojo y otro blanco. Al ver el rojo no nos gustó ese popurrí de colores, acordando por unanimidad que fuera blanco. Pasaron los años y, aunque el entusiasmo y la ilusión no decaían, las preocupaciones de la familia y los negocios, no nos permitían tener el contacto tan estrecho del principio. También ocurrió que algunos se ausentaron del pueblo, entre ellos el Tesorero, en el año 1962, ocupando su cargo, desde entonces hasta hoy, Ángel Escribano Sánchez-Quintanar, que era el Vice-Tesorero desde la fundación de la Cofradía. Otros cofrades, al pasar gente nueva a la Directiva, no congeniaban y se distanciaron. En fin, que, sin perder el entusiasmo, no estábamos como los primeros años, cambiamos varias veces de Directiva y cada vez íbamos quedando menos de los fundadores. En estas condiciones acordamos poner los cargos a disposición de D. Gregorio para que entrara sabia nueva, y fue en esta ocasión cuando entró de Presidente nuestro, muy querido y siempre recordado, Luis Cabañero, con el plantel de jóvenes que le han dado este gran impulso a nuestra Hermandad, al lograr hacer las dos carrozas nuevas, así como el palio y los varales de la Virgen, la ofrenda de flores, la asistencia de la masa coral a al procesión, el nuevo paso de la "Elevación de la Cruz" y, por último, el gran sueño de la Casa de Hermandad. Esta es, a grandes rasgos, la historia de la fundación de nuestra Cofradía, lo que unos jóvenes hicieron hace 41 años, cuando eran como vosotros sois ahora, partiendo de cero. Levantar una Cofradía que vosotros, con el mismo entusiasmo, habéis continuado superando. Seguro estoy que, con nuevas ideas e ilusión renovada, estamos dispuestos a continuar trabajando para mejorar lo conseguido, no solo en el montaje de nuestros pasos, sino celebrando actos culturales que contribuyan a la formación de nuestros hermanos, consiguiendo una Hermandad, digna de nuestra Parroquia, que sea espejo donde nos miremos para nuestro trabajo de cada día. Hasta aquí la narración, si merece vuestra aprobación no quiero que me lo agradezcáis solo a mi, sino también a Ángel Escribano, ya que entre los dos la hemos escrito, y a Jesús Arteaga, que nos ha dado su asesoramiento.

Para terminar, os quiero dar una de las cosas que tengo en más estima. Como sabéis, cuando inauguramos nuestra Casa de Hermandad, entregué los carteles de los cuatro primeros años, anunciando nuestra procesión, y hoy, desde el fondo de mi corazón, entrego al Sr. Presidente, nuestra mascota, el nazareno que, desde 1946, he conservado como un precioso tesoro, para que lo ponga en un sitio de honor en nuestra Casa de Hermandad.

 

¿Qué hacer con la procesión en caso de amenaza de lluvia?
 

Sabías que

El Cristo de la Expiración fue tallado por Juan Cristóbal en una buhardilla, en Madrid, durante el trienio 1936-39 y que en el año 1940 se le tributaron los cultos patronales por no estar esculpido aún el Santísimo Cristo de Villajos,