Sumo sacerdote judío, hijo de Seti, que actuó como tal a partir del año 6 ó 7 de nuestra era, fecha en la que fue nombrado por Publio Sulpicio Quirino, prefecto romano de Siria, en sustitución de Joazar. Permaneció en su cargo hasta el año 15, en que fue depuesto por el procurador romano Valerio Grato. La influencia de Anás fue muy fuerte, hasta el extremo de lograr que sus cinco hijos y su yerno Caifás obtuvieran también el cargo de Sumo sacerdote.
Su ambición de poder, su codicia y sus fabulosas riquezas eran conocidas de todos. El enorme negocio de la venta de animales para los sacrificios del Templo dependía de él y de su familia. Como jefe de un poderoso linaje sacerdotal, era la personalidad judía de mayor poder en tiempos de Jesús y, aunque hubiese cesado en su cargo, conservaba su rango y todos los privilegios correspondientes.
Jesús no fue nada humilde ante Anás, no pidió excusas de ningún tipo y no se echó en ningún momento atrás.
Anás aparece nombrado por tres veces en el Nuevo Testamento, con ocasión de la aparición de Juan el Bautista, en el interrogatorio previo de Jesucristo y en los de Pedro y Juan.


