Verónica

No se sabe mucho de su vida excepto de la escena del Vía Crucis en la que limpia a Jesús su rostro de sudor. En Europa, la mención más temprana hacia la santa procede de los textos de san Gregorio de Tours, hacia finales del siglo VI. San Gregorio la cita como una piadosa mujer palestina, de confesión cristiana, desposada con un centurión romano natural de las Galias que prestaba servicio en el palacio del gobernador romano, Poncio Pilato. Tras la muerte de Jesucristo, el matrimonio cristiano huyó de Jerusalén y acompañó a José de Arimatea hacia las costas francesas.

Estas noticias ofrecidas por el cronista turonense, no más que la fijación por escrito de la leyenda popularizada desde los primeros tiempos del cristianismo, han sido, aparentemente, verificadas por excavaciones arqueológicas, ya que esta ciencia ha demostrado que, a algunos metros de distancia de donde estuvo situado el palacio de Pilato, existió una construcción judía anterior a las edificaciones romanas del siglo I de nuestra era, y que corresponde al lugar que tradicionalmente ha sido venerado como morada de la santa y utilizado como oratorio desde entonces. Sobre ese solar, en el año 1895, los cristianos griegos de la rama melquita edificaron una pequeña y bella basílica que se conserva hasta la actualidad. Estos datos son cuanto se tiene de la mujer que, con su piedad, dio origen a todas las acepciones del término "Verónica" dentro del cristianismo.