Tambores de Semana Santa

La Semana Santa es la festividad crucial del Cristianismo, pues se celebra la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo. La festividad afronta, así, uno de los elementos centrales de la vida de todas las personas: la muerte. Esa espada de Damocles que pende sobre las cabezas de todos y que nos asusta, nos paraliza y nos hace pensar sobre nuestro deseo de trascendencia (o de religación, como diría Zubiri), de ir más allá de los límites que nos impone nuestro aquí y nuestro ahora. El tema de la muerte, de lo que sucede después del encefalograma plano, es uno de los principales caldos de cultivo de las religiones.

Santa Ana.

Precisamente esta celebración puede ser contemplada como manifestación de la religiosidad popular que se expresa sobre todo a través de esas asociaciones de fieles que son las cofradías y hermandades. Llama la atención que en un contexto de laicismo, de cierta indiferencia religiosa, de un incipiente relativismo, las cofradías cuenten con un gran número de miembros, ¡especialmente jóvenes!, entre sus filas. Por un lado, es un momento en el que las personas sacan a relucir su especial devoción a un cristo o a un virgen.

Por otro lado, es un momento de intensa religiosidad, aunque a veces heterodoxa, malinterpretada, momentánea, pasional, que se desboca en estos momentos, pues puede estar alimentada por el fanatismo y la superstición. Invita a la reflexión el hecho de que, en una época en que el desapego a lo religioso parece ser la nota dominante de nuestra sociedad, las calles de pueblos y ciudades de España sigan abarrotándose para ver las procesiones de Semana Santa, o que muchos hoteles de ciudades en los que se vive con especial fervor la Pasión —como es el caso de Toledo—, cuelguen el cartel de «completo» por esas fechas. La Semana Santa refleja muy bien dos cuestiones: por un lado que las creencias religiosas tienen su apoyo básico en el pueblo, más allá de la visión puramente clerical. Y, por otro lado, la Iglesia intenta orientar, educar, perfeccionar esa fe del carbonero, sencilla y llana. Las procesiones son una continuidad natural de la celebración por antonomasia del misterio de la muerte de Cristo que se realiza en la eucaristía, por eso es raro decir sí a las procesiones y «pasar» directamente de ir a misa.

Quizá por ello en esas fechas abundan los planes de penitencia, los cofrades adornan los pasos, las cuadrillas de costaleros entrenan para no lesionarse llevando los pasos sobre sus hombros, los que tocan los tambores y las trompetas ensayan, todos se afanan por lucir el esplendor de sus túnicas y sus capuchones, se hace acopio de velas y cirios... Es el tiempo en el que muchos comeremos torrijas (de leche y de vino), leche frita y potajes (como sustituto de la carne) y nos preparamos con ese tiempo de cuaresma que se inicia con el miércoles de ceniza. En estas fechas todas las ciudades se convierten en pequeñas «jerusalenes», evocando aquella primera Semana Santa y sacando tallas de un enorme valor histórico, artístico y también sentimental.

Las cofradías y hermandades, salvo alguna excepción, tienen mucho pasado, pues fueron fundadas hace mucho tiempo. En Toledo, una ciudad que cuenta con diez cofradías, ocho hermandades y dos capítulos, una de las hermandades más antiguas es la de María Inmaculada en su mayor Angustia y Desamparo (vulgo de las Angustias), que tiene su sede canónica en la parroquia mozárabe de las Santas Justa y Rufina.

Entre las cofradías que cuentan con gran solera está la Antigua, Ilustre y Real Cofradía de la Santa Caridad (Cristo de la Misericordia y Soledad de los Pobres), que según la tradición, fue fundada por Alfonso VI durante el asedio y la toma de la ciudad en el año 1085. La Semana Santa de la capital regional está declarada de Interés Turístico Nacional, aunque aspira a convertirse en internacional en un breve plazo. Asimismo, en la provincia, la Semana Santa de Ocaña cuenta con esta denominación y la talaverana fue declarada de interés turístico regional.

Los conquenses pueden sentirse orgullosos de su semana de Pasión, pues es considerada nada menos que de Interés Turístico Internacional. De entre sus treinta y dos hermandades, la Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz es de las más antiguas, cuya historia puede remontarse hasta mediados del siglo XVI, siendo 1565 el año de su fundación, con el propósito de organizar la procesión de la noche del Viernes Santo. Quizá una de las procesiones más emblemáticas sea la de las Turbas o del «Camino del Calvario», en la que se escenifican las burlas que Jesús sufrió camino de la crucifixión.

En la provincia de Ciudad Real encontramos la Semana Santa de Campo de Criptana, declarada de Interés Turístico Regional, y cómo no, la de la capital, cuyo interés turístico es considerado nacional. Esta última alberga entre sus veinticinco hermandades algunas tan antiguas como la Real Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, cuya fundación es al menos anterior a 1565, y otras de más o menos reciente creación, como la Hermandad del Prendimiento de Jesús Cautivo y María Santísima de la Salud, fundada en 1999.

Todos los palos toca la provincia de Albacete y podemos encontrar desde la Semana Santa de Hellín, declarada de Interés Turístico Internacional, hasta las de Villarrobledo y Chinchilla, de Interés Regional, pasando por Tobarra, cuya Semana Santa está declarada de Interés Turístico Nacional. La capital albaceteña, a la que Azorín se refirió como la Nueva York de La Mancha, cuenta con un total de doce cofradías, entre las que destaca por su antigüedad la hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, de la que se tiene constancia a través de un testamento de mediados del siglo XV, aunque su primer reglamento data del año 1896.

Finalizamos nuestra particular procesión por Castilla la Mancha en Guadalajara, cuya Semana Santa está considerada de Interés Turístico Regional. La ciudad cuenta con cinco cofradías y dos hermandades, siendo la más antigua la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, cuya fundación se remonta nada menos que a 1469. Ya se escuchan los tambores de Semana Santa. Una mezcla de fe, de arte, de tradición va impregnando poco a poco el ambiente.

RAFAEL GONZÁLEZ CASERO / SANTIAGO SASTRE

Fuente: abc.es

 

Procesión en Domingo de Resurrección
 

Sabías que

La costumbre de editar un programa de nuestra Semana Santa se inició en el año 1946 y la primera edición de mil ejemplares costaba la cantidad de 1,80 pesetas (1 céntimo de euro) cada programa.