Sábado Santo, el día de descanso de la tradición judía. Un día muy largo por delante, sin la posibilidad de escaparse, de dejarse llevar por la rutina o dejarse absorber por el trabajo. Un día donde nos tocará reflexionar, nos vendrán a la mente infinidad de recuerdos, de momentos vividos con el que ahora yace muerto, de esperanzas puestas en el que ayer expiró en la cruz. Y la pregunta de si todo esto tiene sentido, de si no es una gran mentira, la locura de un rebelde al que la sociedad, anoche, puso en su sitio.
1. LECTURA BÍBLICA.
“Un hombre llamado José, miembro del Sanedrín, varón bueno y justo, procedente de Arimatea en Judea, el cual no estaba de acuerdo con el Consejo ni con lo obrado por ellos, y que esperaba el Reino de Dios, se presentó ante Pilatos y le pidió el cuerpo de Jesús.
Y habiéndolo bajado lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca, en el que todavía no había sido puesto nadie.
Era el día de la Preparación de la Pascua, y rayaba ya el sábado. Las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea, lo siguieron de cerca, y vieron el sepulcro, y cómo era colocado su cuerpo. Regresaron y prepararon aromas y ungüentos. El sábado reposaron según el precepto.” (Lc 23, 50-56)
2. UNOS MINUTOS DE SILENCIO
3. REFLEXION
El sábado tarda mucho en pasar...Continúa, para los discípulos y para Jesús, el silencio y el descanso. Pero no podemos olvidar, lo que tanto uno como otro , son en profundidad para nuestra conciencia religiosa
- el silencio es la posibilidad de la escucha. Para escuchar a otro, hay que callar. Para que Dios hable, debemos guardar silencio. El sábado Santo es el gran silencio, porque es la gran preparación para escuchar la Palabra definitiva de Dios
- El descanso del sabado es, fundamentalmente, otra apertura: el hombre descansa, para poner en manos de Dios el trabajo y que El de el retoque definitivo. Por eso, silencio y descanso se convierten en sinónimos de esperanza. En Sábado Santo nos encontramos ante un vacío, que no es negación, sino posibilidad de plenitud. El descanso no es todavía el don de Dios, sino la posibilidad de recibir la gracia, el don auténtico. La derrota, se vuelve apertura a la victoria. No digas nada a Dios. Fijate solo en este pensamiento y recibe el amor de Dios en el Sábado Santo: ¿ Jesús se ha ido? No se ha ido: ha penetrado más allá de mi conciencia para transformarme por dentro, ha bajado a los infiernos de mi ser, para rescatarme desde lo hondo. Nada se queda sin redención. Ningún hombre, ninguna historia, ningún muerto. Tambien en mi: Jesús desciende, excava mi pecado, va mas allá de lo que yo mismo conozco de mí, llega hasta la fuente del ser y la redime.
Hondura y gracia desbordante, ¡esto es el Sabado Santo! SILENCIO MEDITATIVO


