Semana de Pasión



DOMINGO DE RAMOS - ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALÉN

El domingo por la mañana Jesús y sus discípulos llegan a Jerusalén. Cuando se acercaban a la ciudad junto a Betfagé y Betania, Jesús mandó a dos de sus discípulos para que se adelantaran a por un pollino. Los discípulos fueron y se lo trajeron, y Jesús montó en él y así llegaron a las puertas de Jerusalén.
Muchos seguidores tendían sus mantos al paso de la borriquilla, y otros cortaban las ramas de los árboles y las tendían también por el camino. Y los que iban delante y detrás llevaban ramas de palmera e iban dando voces, diciendo:
-¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!-
-¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!-
Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud, le dijeron: -Maestro, reprende a tus discípulos.-
Él les respondió: -Si estos callan, hablarán las piedras.-

Y cuando llegó cerca de la ciudad, lloró diciendo: -¡Oh, si también tú conocieses, por lo menos en este día, lo que es para tu paz! Pero ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.-

Por la tarde, se encontraron con una delegación de gentiles en el patio del Templo y al anochecer regresaron a Betania, a casa de Lázaro.


LUNES SANTO

Por la mañana regresaron a Jerusalén y al salir de Betania, Jesús tuvo hambre. Vieron a lo lejos una higuera que tenía hojas pero cuando se acercó no encontró fruto porque no era la época. Entonces Jesús maldijo a la higuera:
-Nunca jamás coma nadie fruto de ti.-

Había una vieja costumbre que autorizaba a los mercaderes y cambistas a realizar sus transacciones en el patio exterior del templo. Cuando Jesús entró en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban volcando las mesas, mientras decía: -Mi casa es casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones.-

Por la noche volvieron a Betania


MARTES SANTO

El martes volvieron a Jerusalén y yendo por el camino, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.
Entonces Pedro, dijo: -Maestro, mira, la higuera que maldeciste se ha secado.-
Jesús, les dijo: -Tened fe en Dios, porque todo lo que pidáis en oración, si creéis, lo recibiréis. -

Llegó la comitiva al templo y Jesús se puso a enseñar. Los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo, al ver que Jesús se metía en su terreno, se acercaron a él y le dijeron: -¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?-
Jesús les dijo: -Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres?-
Ellos discutían entre sí, diciendo: -Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta.-
Al final dijeron confundidos que no lo sabían. Y Jesús les respondió que tampoco diría con que autoridad hacía las cosas

Jesús propone entonces la parábola de los dos hijos, de los viñadores infieles y de los invitados a la boda.


TRIBUTO AL CESAR

Los fariseos querían que Jesús cayera en alguna contradicción o trampa y le enviaron dos herodianos que le preguntaron si era lícito dar tributo al Cesar.
Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo:
-¿Por qué me tentáis, hipócritas? Traedme un denario.-
Y ellos le presentaron un denario.
Entonces les dijo: -¿De quién es esta imagen, y la inscripción?-
Le dijeron: -Del César.
Y entonces dijo: -Dad, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.-
Al oír esto se maravillaron y se fueron.


MUJER EN LA RESURRECCIÓN

Después se acercaron unos saduceos con las mismas intenciones y le preguntaron:
-Maestro, Moisés dijo: Si alguien muere sin tener hijos, su hermano se debe casar con la mujer del primero para dar descendencia a su hermano. Ahora bien, si hubiera siete hermanos y se fueran muriendo y casando todos con la misma mujer sin tener ninguno descendencia, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque todos la tuvieron.-
Y Jesús les dijo: -Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios. Cuando llegue la resurrección, ni ellos tendrán mujer ni ellas tendrán marido, sino que serán como ángeles en el cielo. Dios dice: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos.-


PRIMER MANDAMIENTO

Un escriba que había estado oyendo y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: -¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?-
Jesús le contestó: -El Señor, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.
El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.-
Entonces le dijo el escriba: -Muy bien, Maestro, tienes en todo lo que has dicho.-
Y Jesús, le dijo: -No estás lejos del Reino de Dios.-


DISCURSO CONTRA LOS FARISEOS

Ante las preguntas y pruebas de los fariseos, Jesús pronuncia un durísimo discurso contra ellos:

-En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.
Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas.
Quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame "Rabí". Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar "Rabí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos.
Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo.
Ni tampoco os dejéis llamar "Directores", porque uno solo es vuestro Director: el Cristo.
El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque devoráis las casas de las viudas, aun cuando por pretexto hacéis largas oraciones; por eso recibiréis mayor condenación.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!
¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: "Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!"
¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro?
Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita.
Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intemperancia!
¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!
Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro
¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna?
Por eso, he aquí que yo envío a vosotros profetas, sabios y escribas: a unos los mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad, para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre del inocente Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el Santuario y el altar.
Yo os aseguro: todo esto recaerá sobre esta generación.
¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido!
Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa.
Porque os digo que ya no me volveréis a ver hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!-

Los sacerdotes y fariseos sabían que Jesús se refería a ellos, y aunque querían prenderle, tuvieron miedo a la multitud, porque lo tenían como un profeta.

Tras el discurso viene el episodio del óbolo de la viuda y el pedido de los gentiles de ver al Señor, sucede el anuncio de su Pasión y la voz del Cielo ("Si el grano de trigo no muere, no da fruto...").
Jesús pronuncia entonces el Sermón Parusíaco, sobre la destrucción de Jerusalén (no quedara piedra sobre piedra), el fin del mundo y el retorno de Cristo. Continúa su enseñanza en el templo con la parábola de las diez vírgenes, la parábola de los talentos y el discurso sobre el juicio final ("Tuve hambre y no me disteis de comer...").


PREDICE DE NUEVO SU PASIÓN

Cuando acabó Jesús todos estos discursos, le dijo a sus discípulos:
-Ya sabéis que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado.-

Aquel día se reunieron las tres clases del sanedrín: los príncipes de los sacerdotes, los escribas, y los ancianos notables, presidiendo el acto el sumo sacerdote Caifás. Los acontecimientos hacen, que lo que habían decidido, la muerte de Jesús, se lleve a cabo. No pueden esperar, pero tampoco quieren alboroto, pues saben que los partidarios de Jesús son muchos. Pensaron que debían engañar a Jesús para apresarlo y darle muerte.


MIÉRCOLES SANTO

El miércoles Jesús no acudió al Templo. Permaneció en Betania en una vigilia de oración. Todo lo que tenía que decir, lo había dicho. La revelación de su identidad era clara. La denuncia del pecado también. Las posiciones de los importantes también estaban definidas.

Judas Iscariote, uno de los doce apóstoles, fue a ver ese día a los sumos sacerdotes para traicionar a su maestro. El les preguntó: -¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?- Ellos le dieron treinta siclos de plata. Y él, poseído por la avaricia, aceptó y empezó a pensar una forma de entregarlo sin que la gente se diera cuenta. Deseaban cazarlo de forma furtiva, discretamente para que el pueblo no cayera sobre ellos.


JUEVES SANTO

El jueves, los discípulos le preguntaron a Jesús que dónde iban a celebrar la cena de Pascua. Jesús les dijo que fueran a la ciudad y que encontrarían a un hombre con un cántaro de agua que les conduciría a una casa. En el piso de arriba de esa casa había una sala grande donde prepararían la cena pascual.


LA ULTIMA CENA

Cuando llegó la hora se pusieron Jesús y sus apóstoles a cenar en la mesa y les dijo:
-Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer, porque ya no la comeré más hasta que no esté en el Reino de Dios.-
Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo:
-Tomad esto y repartidlo entre vosotros porque, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.-

Durante la cena Jesús se levantó de la mesa, cogió una toalla y se dispuso a lavar los pies a los discípulos. Cuando llegó a Pedro éste le dijo:
-Señor, ¿tú me vas a lavar los pies?-
Jesús le respondió: -Lo que yo hago, lo comprenderás más tarde. El que se ha bañado, no necesita lavarse porque está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.- Ya sabía que Judas Iscariote lo había traicionado...
Entonces les explico que él era el maestro, y que si les había lavado los pies, también se ellos se debían de lavar unos a otros.

Y mientras comían recostados, Jesús dijo: -Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará-. Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba, y empezaron a entristecerse y a preguntarle uno tras otro: -¿Acaso soy yo?-
Entonces Pedro hizo una seña y le dijo a Juan que estaba junto a Jesús: -Pregúntale de quién está hablando.-
El discípulo, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dijo: -Señor, ¿quién es?-
Y le respondió Jesús: -Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.-
Y, mojando el bocado, lo cogió y se lo dio a Judas Iscariote mientras decía:
-Lo que vas a hacer, hazlo pronto.-
Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía. Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: -Compra lo que nos hace falta para la fiesta-, o que diera algo a los pobres.
En cuanto Judas se comió el bocado, salió. Era de noche.

Cuando salió, Jesús dijo: -Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él.
Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros y adonde yo voy, vosotros no podéis venir.

Seguían comiendo y Jesús cogió pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: -Tomad y comed, porque éste es mi cuerpo.-
Tomó luego una copa y, dando las gracias, se la dio diciendo: -Bebed de ella,
porque ésta es mi sangre de la Alianza, que será derramada para el perdón de los pecados.-

-Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. Así todos sabrán que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.-


HACIA GETSEMANÍ

Después de cenar y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.
Jesús les dijo: -Todos vosotros vais a huir de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño.-
Pedro intervino y le dijo: -Aunque todos huyan de ti, yo nunca huiré.-
Jesús le dijo: -Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que el gallo cante, me habrás negado tres veces.-
Entonces le dijo Pedro: -Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.-
Y lo mismo le dijeron el resto de los discípulos.

Seguían caminando y Jesús les seguía preparando para lo que iba a venir:
-Que no se entristezca vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí.
Ya sabéis que está adonde yo voy.-
Tomás le dijo: -Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?-
Jesús le dijo: -Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.-
Felipe le dijo: -Señor, muéstranos al Padre y nos valdrá.-
Jesús le dijo: -¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras.-

Jesús siguió consolando a sus discípulos: el consuelo de ahora ("Os doy mi paz; no como la da el mundo"), se compara con la la vid que sustenta a los sarmientos ("El que permanece en mí, da fruto"), les recuerda el mandamiento del amor y les anticipa el odio del mundo, les promete el consuelo del Paráclito y el consuelo del reencuentro ("Nadie podrá quitaros la alegría") y termina exhortando a la fortaleza: ("en el mundo tendréis tribulación; pero, ánimo: yo he vencido al mundo"). Sigue luego la Oración Sacerdotal en la que Jesús ruega al Padre por sí, por los Apóstoles y por la Iglesia.


LA ORACIÓN EN EL HUERTO

Llegaron hasta una propiedad, llamada Getsemaní, y le dijo a sus discípulos:
-Sentaos aquí, mientras yo hago oración.-
Entonces se llevó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia ante lo que se avecinaba y les dijo: -Mi alma está triste hasta el punto de morir. Quedaos aquí y velad.-
Jesús se adelantó un poco, cayó a la tierra y suplicó que pasara pronto esa hora:
-Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero que no sea como yo quiero, sino como quieras tú.-
Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le alivió. Y sumido en agonía, insistió más en su oración: su sudor se convirtió en gotas espesas de sangre que cayeron a la tierra.
Volvió adonde se encontraban sus discípulos y los encontró dormidos. Entonces le dijo a Pedro: -Pedro, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido orar?-
Entonces se volvió a alejar de nuevo para rezar con las mismas palabras.
Y volvió otra vez y los encontró de nuevo dormidos y a la tercera vez que volvió les dijo: -Ahora ya podéis dormir y descansar. Llegó la hora. Mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos! ¡vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca.-


EL BESO DE JUDAS

Todavía estaba hablando, cuando se presentó una comitiva con espadas y palos con Judas al frente. Venían de parte de los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. La contraseña que Judas les había dado era: -Aquél a quien yo dé un beso, ése es. Prendedlo y llevadlo con cautela.-

Y al llegar a la altura de Jesús se le acercó y le dijo: -¡Salve, Rabí!-, y le dio un beso.
Jesús le dijo: -¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!-

Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: -¿A quién buscáis?-
Entonces le contestaron: -A Jesús el Nazareno.-
Y Jesús dijo: -Soy yo. Así que si me buscáis a mí, dejad marchar a los demás.-
Así se cumplía lo que había dicho: -De los que me has dado, no he perdido a ninguno.-

De repente Pedro sacó la espada e hirió a un siervo del Sumo Sacerdote, llamado Malco, llevándose la oreja.
Entonces le dijo Jesús: -Envaina tu espada en su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada morirán. ¿O piensas que no puedo yo pedir a mi Padre, que traiga a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Pero, si yo lo hiciera ¿cómo se cumplirían las Escrituras?-

Jesús siguió hablando a los que venían a por él: -¿Por qué habéis salido a prenderme con espadas y palos? Si estoy todos los días sentado en el Templo para enseñar, y no me habéis detenido. Todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas.-
Los discípulos ya le habían abandonado y huían...


INTERROGATORIO

Ataron a Jesús y lo llevaron primero a casa de Anás, que era el suegro de Caifás, para que lo interrogara. Cuando terminó lo llevaron al Sanedrín para comparecer ante Caifás, que era el sumo sacerdote. Pedro que había huido en un primer momento, ahora se había unido disimuladamente al grupo. Llegó al patio, y se sentó alrededor del fuego con los criados para presenciar lo que acontecía.

El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina.
Jesús le respondió: -He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a escondidas. ¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho.
Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: -¿Así contestas al Sumo Sacerdote?-
Jesús le respondió: -Si he hablado mal, di lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?-

Los sumos sacerdotes y el Sanedrín buscaban un testimonio contra Jesús para darle muerte, pero no lo encontraban. Por lo que algunos se levantaban para inventar falsedades.
Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y poniéndose en medio, preguntó a Jesús:
-¿No respondes nada a las acusaciones?
Pero Jesús seguía callado y no respondía nada.
El Sumo Sacerdote le preguntó: -¿Eres tú el Cristo, el Hijo de Dios?-
Entonces Jesús respondió:
-Sí, tú lo has dicho. Y os digo que veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.-
Entonces el Sumo Sacerdote muy enfadado dijo: -¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? ¿Qué os parece?-
Respondieron ellos diciendo: -Es reo de muerte.-
Y los hombres que lo tenían atado le golpeaban y se burlaban de él.


NEGACIONES DE PEDRO

Mientras, Pedro estaba abajo en el patio y hasta allí llegó una de las criadas del Sumo Sacerdote, que al verlo calentándose lo reconoció y le dijo:
-Tú también estabas con Jesús.-
Pero él lo negó: -Ni sé, ni entiendo qué dices-, y salió afuera, al portal.
Entonces le vio otra criada y también dijo que era uno de ellos.
Pero él lo negó de nuevo.
Poco después, los que estaban allí volvieron a decir a Pedro: -Es verdad que eres uno de ellos porque eres galileo.-
Pero él, se puso a jurar: -¡No conozco a ese hombre de quien habláis!-
Y mientras estaba hablando se oyó a un gallo de cantar. Pedro recordó lo que le había dicho Jesús: -Antes de que el gallo cante, me negarás tres veces.-
Pedro al pensarlo rompió a llorar amargamente.


VIERNES SANTO

Al amanecer, se reunió el Consejo de Ancianos del pueblo, sumos sacerdotes y escribas, y volvieron a interrogar a Jesús en el Sanedrín. Le dijeron:
-Si tú eres el Mesías, dínoslo.-
El respondió: -Si os lo digo, no me creeréis. Si os pregunto, no me responderéis. De ahora en adelante, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha de Dios.-
Entonces dijeron todos: -¿Eres el Hijo de Dios?-
El les dijo: -Vosotros lo decís: Yo soy.-
Y los sacerdotes dijeron entre ellos: - Ya no nos hacen falta testigos, porque lo hemos escuchado nosotros mismos de su propia boca.-

Entonces llevaron a Jesús al pretorio romano. Lo habían sentenciado a muerte pero la sentencia sólo la podía aplicar el procurador romano Pilato. La mayoría de los judios que llevaban preso a Jesús, no entró en el pretorio para no "contaminarse" y poder comer así en la Pascua.


ARREPENTIMIENTO DE JUDAS

Mientras tanto Judas, el apóstol que lo había entregado, viendo que Jesús había sido condenado a muerte, fue acosado por el remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
-He pecado al entregar sangre inocente-
Ellos dijeron: -A nosotros ya no nos importa.-
Entonces les tiró las monedas al suelo del santuario, se fue de allí y desesperado se ahorcó.
Los sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: -No es bueno tenerlas como ofrenda, porque estas monedas están manchadas de sangre.-


ANTE PILATO

Los judíos dijeron a Pilato: -Éste ha estado alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo Rey.-
Pilato, llamó a Jesús y le dijo: -¿Eres tú el Rey de los judíos?-
Y respondió Jesús: -Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuera entregado a los judíos: pero mi reino no es de aquí.-
Entonces Pilato le dijo: -¿Luego tú eres Rey?-
Respondió Jesús: -Sí, como dices, soy Rey. He venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Y todo el que es de la verdad, escucha mi voz.-

Pilato estaba perplejo y no creía que el hombre maltratado que tenía enfrente fuera peligroso. Entonces dijo a los sacerdotes y a la gente: -No encuentro delito para este hombre-
Pilato volvió a preguntarle: -¿No contestas nada? ¿Reconoces de lo que te acusan?-
Pero Jesús ya no respondió nada y permaneció en silencio.
Pero ellos insistieron diciendo: -Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, desde Galilea, hasta aquí.-
Al oír esto, Pilato preguntó si Jesús era galileo y al saber que por nacimiento pertenecía a la jurisdicción de Galilea, lo envió para que lo interrogara Herodes, que por aquellos días estaba en Jerusalén y era el rey de Galilea.


ANTE HERODES

Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, porque hacía mucho tiempo que deseaba verle, por las cosas que había oído de él, y esperaba presenciar algún milagro.
Herodes le preguntó con mucha palabrería, pero Jesús no respondió nada.
Aunque los sumos sacerdotes y los escribas lo acusaban con insistencia, Herodes no les hizo caso. Sólo se preocupo de entretenerse con su guardia, despreciando y burlándose de Jesús. Cuando se cansó, le puso a Jesús un espléndido vestido para burlarse aún más y se lo volvió a enviar a Pilato.
Aquel día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes eran enemigos.


ANTE PILATO DE NUEVO

Volvió la comitiva ante Pilato y éste dijo:
-Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero lo he interrogado y no he encontrado ningún delito del que lo acusáis.
Tampoco Herodes a encontrado nada del que acusarlo, pues porque nos lo ha vuelto a enviar, por lo que pienso que este hombre no ha hecho nada para que merezca la muerte. Así que lo castigaré y lo soltaré.-
Hasta la mujer de Pilato aconsejó a su marido: -No te metas con este hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en un sueño por su causa.-


BARRABÁS

Cada Pascua se le concedía la libertad del preso que quisiera el pueblo.
Había uno, llamado Barrabás, que estaba encarcelado porque había cometido un asesinato. Y como los sacerdotes seguían insistiendo, Pilato pensó en que el problema de los sacerdotes con Jesús era la envidia que le tenían, y que al dar a elegir al pueblo un preso para que fuera liberado, el pueblo elegiría a Jesús.
Entonces Pilato salió a la terraza y preguntó al pueblo.
Pilato les gritó: -¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?-

Pero los sumos sacerdotes y los ancianos lograron persuadir a la gente que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
Entonces la muchedumbre respondió: -¡A Barrabás!-
Y les dijo Pilato: -Y ¿qué hago con Jesús, el llamado Cristo?-
Y respondieron: -¡Crucifícalo! -
Pilato les habló de nuevo, intentando liberar a Jesús, pero ellos seguían gritando para que se lo entregaran.
Entonces Pilato, viendo que se podía alzar el pueblo tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: -Soy inocente de la sangre de este justo. Vosotros veréis.-
Y todo el pueblo respondió: -¡Que caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!-
Entonces, soltó a Barrabás y mandó azotar a Jesús.

Después de azotarle y golpearlo se reunieron los soldados del procurador para mofarse. Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: -¡Salve, Rey de los judíos!- y después de escupirle, cogieron la caña y le golpearon en la cabeza.


"ECCE HOMO" [?]

Los soldados, una vez que cumplieron el castigo, llevaron a Jesús de nuevo ante Pilato. Pilato volvió a salir y se volvió a dirigir a la gente que aguardaba expectante:
-Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él.-
Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura, y Pilato dijo: -Aquí tenéis al hombre.-
Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: -¡Crucifícalo, crucifícalo!- Entonces Pilato desesperado dijo: -Tomadlo vosotros y crucificadlo, porque yo no veo ningún delito en él.-
Los judíos le respondieron: -Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque él dice que es Hijo de Dios.-

Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más. Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús: -¿De dónde eres tú?- Pero Jesús no respondió.
Entonces le dijo Pilato: -¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte o para crucificarte?-
Entonces respondió Jesús: -No tendrías ningún poder contra mí, si Dios no te lo hubiera dado; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado.-
En ese momento Pilato trató de liberarle. Pero los judíos gritaron: -Si sueltas a ése, no eres amigo del César, todo el que se hace rey se enfrenta al César.-
Ésa fue la gota que colmó el vaso para Pilato que se sentó en el tribunal e hizo salir a Jesús diciendo: -Aquí tenéis a vuestro Rey.-


CAMINO DEL CALVARIO

Los judíos le quitaron la ropa, se burlaron de él y lo sacaron fuera para crucificarle. Entonces se dirigieron al Gólgota (Calvario). Como Jesús estaba muy débil después de todas las palizas que había sufrido obligaron a un hombre, llamado Simón de Cirene, que volvía de su trabajo en el campo, para que portara la cruz.

A la procesión le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por el condenado. Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: -No lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos.


CRUCIFIXIÓN Y MUERTE

Cuando llegaron al lugar, los soldados tiraron la cruz al suelo, depositaron encima a Jesús y lo clavaron en la cruz. Al mismo tiempo también crucificaron a dos malhechores a la derecha y a la izquierda. Encima de la cruz pusieron una inscripción, en hebreo, latín y griego, que había redactado el mismo Pilato en la que ponía: "Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos". Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el Gólgota estaba cerca de la ciudad. Los sumos sacerdotes, contrariados con el cartel, le dijeron a Pilato: -No escribas: "El Rey de los judíos", sino: "Este ha dicho: Soy Rey de los judíos".-
Pilato les dijo: -Lo que está escrito, está escrito.-

Jesús yacía ya en la cruz mientras decía: -Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.- Los romanos se pusieron a repartirse sus ropas a suertes ya q no querían romperla.

Los que pasaban por allí le insultaban meneando la cabeza y diciendo:
-Tú eres el que destruye el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!-
Los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos también se burlaban de él diciendo: -A otros salvó y no puede salvarse a sí mismo.-

Uno de los malhechores crucificados también le insultaba: -¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate y sálvanos a nosotros!-
Pero el otro respondió_ -¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena?
Nosotros nos la merecemos por nuestros hechos, en cambio, éste no ha hecho nada malo.-
Y dijo a Jesús: -Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.-
Y Jesús le dijo: -Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.-

Junto a la cruz se encontraba su madre, la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, María Magdalena y Juan, uno de sus discípulos.
Jesús, viendo a su madre y junto a ella a Juan dijo: -Mujer, ahí tienes a tu hijo.-
Luego le dijo a Juan: -Ahí tienes a tu madre.- Y desde ese día Juan la acogió en su casa.

A la hora nona Jesús gritó con la voz ronca: -¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?-

Sabiendo Jesús que estaba todo cumplido, dijo: -Tengo sed.-
Había allí una vasija llena de vinagre. Un romano sujetó una rama a una esponja empapada en vinagre y se la acercó a la boca.
Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: -Todo está cumplido.-
Y dando un fuerte grito, dijo: -Padre, en tus manos pongo mi espíritu- y, dicho esto, expiró.

Al instante, el velo del Santuario se rasgó de arriba abajo, tembló la tierra y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron.
El centurión que estaba vigilando la condena, al ver el terremoto y lo que pasaba alrededor, se llenó de miedo y dijo: -Verdaderamente éste era el Hijo de Dios.-


LA LANZADA

Los judíos, como era el día de la Preparación, y para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado -porque ese sábado era muy solemne-, rogaron a Pilato que les rompieran las piernas a los crucificados para que no se pudieran apoyar en ellas y se asfixiaran antes, ya que la agonía podía durar varias horas.
Los soldados entonces rompieron las piernas de los dos malhechores, pero al llegar a Jesús, como vieron que ya estaba muerto, le atravesaron el costado con una lanza. Al instante salió sangre y agua de la herida.


EL DESCENDIMIENTO

José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió.
Fue también con él Nicodemo -el que había ido a verle de noche- con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras para embalsamarlo. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar.
En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro vacío, en donde pusieron a Jesús. Su madre María y María Magdalena fueron detrás y vieron cómo era colocado el cuerpo.


SÁBADO SANTO

Al día siguiente, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron con Pilato y le dijeron:
-Señor, ese impostor dijo cuando aún vivía que iba a resucitar a los tres días. Manda, pues, que el sepulcro quede asegurado hasta que llegue el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo que resucitó de entre los muertos.-
Pilato entonces les asigno una guarda. Ellos se fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.


DOMINGO DE RESURRECCIÓN

El domingo al amanecer se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, se acercó adonde estaba enterrado Jesús, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella.
Su aspecto era como un relámpago y su vestido era blanco como la nieve. Los guardias, atemorizados ante el ángel, se pusieron a temblar y se quedaron aterrados.

María Magdalena, María Cleofás y Salomé iban a embalsamar a Jesús mientras se preguntaban que quién les iba a ayudar a retirar la piedra que cerraba la puerta del sepulcro. Y levantando los ojos vieron que la piedra estaba ya retirada. Entonces María Magdalena echó a correr y fue a buscar a Pedro y le dijo: -Se han llevado del sepulcro a Jesús, y no sabemos dónde lo han puesto.-

María y María Cleofás entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dijo: -No tengáis miedo. Si buscáis a Jesús de Nazareth, no está aquí porque ha resucitado. Mirad el lugar donde lo pusieron.-

Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo... Cuando se encontraron con los once discípulos les dijeron lo que habían visto, pero ellos no las creyeron. Entonces Pedro y Juan fueron corriendo a ver al sepulcro. Juan como era más joven llegó antes que Pedro y al ver las vendas a la entrada no entró en el sepulcro. Al llegar Pedro, entró dentro y vio el sudario plegado en un lugar distinto a las vendas. Juan siguió a Pedro y al ver que no estaba el cuerpo, creyeron entonces lo que les había dicho Jesús. Los discípulos volvieron a casa.

Cuando la guardia contó a los sacerdotes y ancianos lo que había sucedido, se reunieron y acordaron sobornar a los soldados para que dijeran que los discípulos habían robado el cuerpo mientras ellos dormían. Ellos cogieron el dinero y siguieron las instrucciones recibidas. Esta versión de los hechos se dispersó entre los judíos, y así sigue hasta el día de hoy.